C27 CAPÍTULO 27
CERO.
Después de la maldita llamada con Morris, estaba tenso como una cuerda. La tensión irradiaba mis hombros.
Cuando volví al dormitorio, Lani ya estaba durmiendo.
Me quedé un minuto entero mirándola dormir. Su pelo rubio y alborotado estaba esparcido por la almohada, su pequeño cuerpo yacía acurrucado sobre sí mismo y su cara de duendecillo estaba relajada, con los ojos cerrados
