C51 Cincuenta y uno
ESCARLATE
Quise apartar la mirada, pero no pude evitarlo. Su cita estaba ahora inclinada sobre la mesa, susurrándole palabras al oído. Le acariciaba juguetonamente la barbilla con la punta de los dedos. Casi me dan ganas de vomitar. No podía soportarlo más.
Respondí a su mensaje, pero no para decirle dónde estaba
