C34 Capítulo 34 Ayden
Después de aquella noche Patri volvió a quitarse el miedo, vuelve a ser la misma chica de antes, e incluso más ardiente de lo que era, insaciable, pasamos noches enteras haciéndolo, y a mi me encanta ya no tiene vergüenza, ya no tiembla, vibra bajo mis manos y mi boca e incluso se ha dejado hacer algo más por su culito y tengo ganas de que me deje enterrar en él.
Nos encontramos en la cama los dos, tengo ya dos dedos metidos en él, y espero que esta vez me deje meterme yo, las otras veces me ha pedido que parara. Estoy bombeando dentro de ella y la escucho jadear, siento como sus paredes se contraen y ella grita con su orgasmo.
- ¿Puedo seguir?
Ella asiente yo sonrío, esta vez quiero ver su cara.
- Date la vuelta, ponte al borde de la cama y apoya tus pies ábrete para mí cariño.
Meto el consolador dentro de su precioso coño, ella vuelve a jadear, me hecho bastante lubricante y vuelvo a introducir un dedo en su culito, ella está gimiendo por el consolador, y introduzco otro, juego con los dos dedos, su respiración está acelerada, sacó mis dedos y meto mi polla sin pensármelo.
Ella abre sus grandes ojos, está asustada, me quedo parado, esperando, muevo el consolador y con mis yemas toco su clítoris.
- Cariño, relájate.
Pero no le pregunto si quiere que pare, me muevo un poco, su cara sigue siendo de susto, no está disfrutando y yo no quiero eso.
- ¿Quieres que pare?
Ella no habla, no me contesta.
Aún dentro de su culito, toco sus pezones, siguen duros, bajo hasta si clítoris y lo toco con mis yemas, ella cierra los ojos.
- Abre los ojos, ni se te ocurra cerrarlos, ahí veré si disfrutas.
- Muévete.
- ¿Seguro?
Asiente, entonces yo empiezo a moverme despacio, escucho sus jadeos y aunque ha vuelto a cerrar los ojos sé que está disfrutando, subo el nivel del consolador que le introduje y ella gime más, empiezo a moverme yo con más rapidez, su culito está apretado y me está dando muchísimo placer.
- Estoy a punto. - Le digo.
Y sin más remedio llego me corro dentro de su precioso culo.
Ella vuelve a gemir, y deja caer sus piernas por el borde de la cama.
Nuestras respiraciones están aún aceleradas.
- Ayden, estoy muy mareada.
- Te traigo agua espera, no te levantes.
Le tapo con una manta.
Voy a la cocina y cojo un vaso de agua fría.
Llego a la habitación y la encuentro en la misma posición que la deje.
- ¿Sigues mareada?
Ella asiente, la apoyo en mi y le ayudo con el agua.
- Estas sudando.
- Tengo frío, y tengo ganas de vomitar.
La llevo al baño, y ella termina por echar la cena.
- Tenemos que bajar el ritmo que llevamos Ayden.
- Cariño...
- Lo sé, se que la mayoría de las veces te busco yo, pero el embarazo me tiene muy caliente, y tu me respondes cada vez que te busco.
- Es normal, si no te respondo asusta te, no te asustes, porque lo haga.
Ella me mira, reprendiéndome.
- Gracias por la colaboración.
Voy a besarla, y ella me aparta.
- Acabo de vomitar. No te voy a besar. ¡Ah! Y no vuelvas hacer lo de hoy, no me ha gustado nada.
La miro, me disculpo con la mirada, pero que no me vuelva a dejarme entrar en su culito me decepciona.
- No avisarme, no es normal en ti Ayden, lo hiciste a traición.
- Si te lo pedía dirías que no.
- Pues, te daré permiso más veces, si me lo pides.
- No dices que no te gustó.
- No me gustó que lo hicieras a traición, tu no eres así.
- Bebe, espero que te estés tapando los oídos. - Le hablo a su barriga.
- Mañana me hacen una analítica, pasa saber como va lo de mi enfermedad y voy a ver si Pedro me hace una ecografía, antes de que vayamos a Paris.
- No vamos a París, viene mi madre y Sophie.
Su ojos sonríen, sé que no quería ir, y que no me lo decía por todo lo que he hecho por ella, que para mí no es nada.
- Si no hubiera vomitado te besaría, pero mejor evitarlo porque me acabas de poner mucho con lo que me acabas de decir y ya sabes...
Sale del baño, sonriendo y yo admiro su culo, como camina y lo guapa que es.
Unos días después llega mi madre, prefiere quedarse en el hotel, pero Sophie se queda en casa, le hemos insistido a mi madre pero se niega.
- Le caigo mal a tu madre por eso no se queda en casa.
- No pienses así, ella siempre ha sido así.
- Mi madre tiene un amigo aquí en Madrid por eso prefiere quedarse en el hotel. - suelta Sophie.
Esa tarde recibo una llamada de Pedro.
- Ayden, tenemos que hablar, la enfermedad de Patri ha vuelto, supongo que ya te lo ha dicho.
- ¿Como?